sábado, 17 de agosto de 2013

La soledad en oleadas


Según la opinión popular la soledad es, aunque suene tautológico, estár solo, sin nadie que nos acompañe. A eso algunos agregan que la soledad no sólo es física sino también emocional, el carecer de alguien con quien hablar de tu día a día, y de lo excepcional también; estar sólo cuando se está acompañado, dijera el gran poeta Arjona.

Esas nociones de soledad siempre me habían parecido absolutas, se está solo o no se está, sé es o no se es. Pero hoy apredí que la soledad tiene escalas y diversas formas de presentarse, de comenzar. Puede llegar de golpe, de un momento a otro, con un rompimiento, con una mentira; o llegar gradualmente, casi sin ser sentida.

Las desgracias nunca llegan sola, pueden presentarse de manera aislada. Una muerte no termina con la vida de un amigo o familiar, trae consigo siempre un poco de soledad, que se acumula. Los recuerdos no parecen acercarnos a ellos sino acentuar su ausencia. Cuando se van los amigos y uno se queda tenemos la sensación de estar viviendo los últimos momentos, que la muerte es inminente.

La muerte abona a la soledad, resta un cuerpo pero suma recuerdos, ansiedad. El sentirse ajeno al ambiente crece con cada nueva ausencia. El no tener con quien comunicarse se hace más fuerte, el ensimismamiento crece. Se está vivo pero también se está solo, vamos quedando, existiendo rezagadamente.

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