Uno de los elementos que definen a la mexicanidad, por lo menos en el exterior, es el gusto por el picante, el país tiene forma de chile, faltaba más, la tendencia de hecharle picante a todo, sea dulce o salado, es evidente. Si no tiene chile, no es. Conocida es la anecdota de que al terminar su sexenio, Carlos Salinas de Gortari al irse al exilio a Suiza llevo con él una cocinera, una marchanta, para su servicio personal. Así, cuando el señor tenía antojo de algún tipo de mole, platillo que, según los enterados, es de los favoritos del ex presidente, la señora lo preparaba en metate. Tampoco faltaban pues, las tortillas hechas a mano.
Consecuencia de lo anterior son los altos indices de enfermedades estomacales, la gastritis en primer lugar. Pero para ello, como para todo, la Televisión nos brinda la solución, oh verdad relevada, y es que, diariamente, a toda hora, los productos milagro se anuncian como la panacea, la cura definitiva, el remedio eficaz, aquel que permitira a quien lo tome seguir comiendo como niño de hospicio sin sufrir acidez, inflamación o meteorismo, nada se resiste al poder abrasivo de Genoprazol o de QG5. Capsulas desarrolladas en los mejores laboratorios, instalaciones de un blanco inmaculado, que abren sus puertas a la televisión, doctores con consultorios modernos y amplios, nada que ver con las aglomeraciones del IMSS y el ISSSTE, el minimalismo reina.
Si aún quedaban dudas, en los comerciales aparecen personas, que no actores, que sin nigún pudor, movidos unicamente por el amor al projimo, por compartir su felicidad, cuentan su historia sin reticencias, todo para convencer al incredulo. Personas de todas las edades, güeras, con ropas finas, la bella sonrisa, altos y de ojos claros rien frente a la cámara, si ellos pudieron, tú también puedes, parece ser el mensaje.
Y así, cada persona curada me remite a otro país, a uno donde los apellidos comunes son Schröder o Schmitt, a todos menos a México. Son dos realidades distintas, en la calle somos morenos y bajitos mientras que en la TV somos güeros y altos, los hombres tienen musculos tonificados, personifican la virilidad, las mujeres, caso más extremo aún, lucen un vientre plano, senos firmes y de tamaño limitado, redondos, piernas torneadas y cabello brillante y sedoso. No sé cuál es la intención, venderme el producto o hacerme sentir culpable por no ser quien debería ser. Y así, parece que la distinción Kelseniana entre Sein y Sollen se aplica también a la medicina televisada, un mundo abstracto, ideal, el Sein, nos muestra que todo es curable, que los habitos pueden seguir como van, no importa, la enfermedad cedera y por otro lado, el Sollen, el mundo práctico me dice que esos medicamentos no fueron diseñados para mí, que para curar la gastritis, antes, tengo que dejar de ser mexicano.
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